La Poesía de Yalal ad-Din Muhammad Rumi

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Quizás su nombre no evoque versos conocidos ni él mismo resulte familiar para el imaginario colectivo occidental, pero se trata de un poeta reconocido para sufistas y derviches, budistas, judíos, musulmanes y también para cristianos, incluso para los ateos.

Yalal ad-Din Muhammad Rumí (en árabe), también conocido como «Mawlana», «Mavlana» o «Mevlânâ», que significa «Nuestro Señor» es, sin embargo, el poeta persa más leído en lengua inglesa.

Su lenguaje metafórico puede presentar dificultades para comprenderlo y quizás merezcan sus poemas una relectura, porque como se dice, “Cada vez que lees a Rumi te enseña una lección nueva”.

Fue un poeta místico y un religioso cuyo nacimiento se reconoce el 30 de septiembre de 1207 en Balj, en el actual Afganistán que en aquellos tiempos formaba parte del Sultanato de Rüm, perteneciente a la dinastía de los turcos selyúcida.

Falleció el 17 de diciembre de 1273, siendo recordado con grandes homenajes en la ciudad de la Anatolia turca.

La poesía de Rumi –con ser de inspiración islámica- ha logrado trascender las fronteras de lo nacional y lo étnico, influyendo en la literatura persa, urdú y turca.

Actualmente, en países como Irán, Afganistán y Tayikistán, sus versos son leídos diariamente, habiendo sido traducidos a varios idiomas alrededor del mundo.

Luego de su muerte, sus seguidores fundaron la orden sufí Mevleví, conocidos como los “Derviches Giróvagos“, ya que realizan una meditación en movimiento llamada “semá” donde hombres (y actualmente, mujeres) giran sobre si mismos acompañados por flautas y tambores.

La obra de Rumi ejercería influencia junto con las distintas impresiones, la comprensión y la percepción de las raíces profundas del cristianismo armenio, la ortodoxia griega, el hinduismo, el budismo y el sufismo, en el pensamiento de George Gurdjeff.

El tema general de sus pensamientos, así como los de otros escritores sufíes, está esencialmente enfocada sobre el concepto de Tawheed (unidad) y la unión con su Amado (la fuente principal) de donde hemos sido cortados y del constante lamento por esta separación y su constante deseo de volver al “cañaveral” (la unidad):

Mujer tocando el ney o flauta de caña. Pintura del Palacio Hasht-Behesht en Isfahán, Irán, 1669.

Escucha el ney, y la historia que cuenta,
como canta acerca de la separación:
Desde que me cortaron del cañaveral,
mi lamento ha hecho llorar a hombres y mujeres.
Deseo hallar un corazón desgarrado por la separación,
para hablarle del dolor del anhelo.
Todo el que se ha alejado de su origen,
añora el instante de la unión.
[…]
Cuando la rosa se haya ido y el jardín esté marchito,
no podrás escuchar más la canción del ruiseñor.
El Amado lo es todo; el amante apenas un velo.
El Amado está viviendo; el amante es una cosa muerta.
Ama las voluntades de lo que traen estas palabras.
[…]
Le pregunté al ney (flauta de caña):
¿de qué te lamentas?
¿cómo puedes gemir sin poseer lengua?
El ney respondió:
Me han separado del cañaveral
y ya no puedo vivir sin gemir y lamentarme

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